sábado, 25 de julio de 2009

¿Y tú conoces Facebook?


Desde hace unos meses, por invitación de una amistad, me registré en Facebook, sin saber realmente dónde me metía, ni para qué servía, más que nada por no negar la invitación de dicha amistad.

Después de algún tiempo, he ido descubriendo que es una de las muchas redes sociales que hay en internet, las cuáles, actualmente, están en auge, siendo Facebook una de las más populares, ya que, actualmente, cuenta con más de 250 millones de usuarios en todo el mundo.

Es fácil registrarse, tan sólo se necesita una cuenta de correo y una contraseña, después se rellena el perfil y se agregan contactos, invitando o recibiendo invitaciones de amigos y de amigos de tus amigos, aunque, al final, llegas a reunir a tantas personas que ni sabes quiénes son.

En Facebook, se puede contactar con personas, compartir fotos, vídeos, unirse a grupos, invitaciones a eventos, y también es una manera de perder un poco el tiempo, ya que se pueden hacer tests de personalidad, tarots, también están las famosas galletitas de la suerte, y demás, así como se pueden enviar o recibir regalos de amistad; por lo que, acceder a dicha red social puede resultar divertido, entretenido, una manera de perder el tiempo, pero también, puede ser peligroso o positivo, según se mire.

Por ejemplo, cuando se aceptan a tantas personas que no se conocen, debemos tener especial cuidado de no dar información de nuestra vida privada, ni de etiquetar nuestras fotografías porque pueden llegar a muchas más personas que no son amigas ni conocemos.

El otro día leí una noticia de una joven que había invitado a una fiesta a sus amigos, a través de Facebook, aportando cierta información privada, y su casa fue desvalijada.

Por otra parte, se ha demostrado que casi la mitad de los usuarios, divulga información personal – tal, como datos personales, fotografías, dirección de correo electrónico, fecha de nacimiento, número de teléfono...- a un completo extraño, lo que incremente enormemente que sean susceptibles de robo de identidad.

En cambio, Facebook también puede resultar positivo, como el caso de una mujer británica que se ha podido reunir con su hijo justamente 27 años después de que denunciara su secuestro. Y todo gracias a la red social Facebook.

¿Y tú conoces Facebook? ¿Y qué opinas?


martes, 21 de julio de 2009

"Malas rachas"


En el caminar de la vida, hay épocas, en las cuales nos llegan malas rachas con problemas por todos los lados, y en esos momentos, las circunstancias nos impiden ver con claridad, y nos bloqueamos pensando que no vamos a poder salir de esas situaciones tan negativas, así como nuestra imaginación llega a volar muy lejos con pensamientos oscuros pensando en todo lo malo que nos pueda seguir llegando.

Es después, cuando ya lo vamos viendo de un color más clarito, cuando nos damos cuenta de que debemos intentar ser más positivos, que tan sólo son malas rachas, que, así como llegan, también se van, porque nada permanece quieto, todo continúa, porque todo tiene su caminar, y que de ese caminar negativo también se va aprendiendo, porque nos ayuda a ir madurando y creciendo como personas.

También es cierto que, en esos malos momentos, las personas de nuestro alrededor, suelen ofrecernos su lado más cálido, humano y entrañable, yo así lo estoy sintiendo con muchas personas de mi entorno de la vida cotidiana, así como del mundo bloguero, sintiéndome acariciada y arropada de cariño y de favores; es tanta la energía positiva que me están transmitiendo, que me siento bañada y protegida en ella, aunque también he de reconocer que, el sentimiento que me embarga interiormente, es el de estar en deuda hacia esas personas.

Por todo ello, desde mis cálidas palabras y un entrañable abrazo, va mi eterno agradecimiento a todas esas grandes personas que están tan cerca de mí.

Muchas gracias.


sábado, 18 de julio de 2009

"Tiempo para la buena lectura"


Es tiempo de vacaciones, para descansar y para dedicarlo a las cosas que más nos gustan. Desde mi blog os invito a la buena lectura, y para ello quiero compartir con todos vosotros, y a la vez, que sirva de agradecimiento, el escrito que mi amigo bloguero, Calvarian, me ha regalado, titulado: "El hombre del cayado". Espero que disfrutéis de dicho escrito tanto como he disfrutado yo. Así mismo, os recomiendo, no dejéis de visitar su magnífico blog, denominado, "Sombra Triste", para que descubráis sus magníficos relatos, todos escritos con su pluma de oro.

Gracias por tu regalo,
Calvarian, y gracias a todos vosotros por estar tan cerca.



"EL HOMBRE DEL CAYADO"


Durante muchos años, la figura de un anciano, con su traje negro de alpaca, algo polvoriento, su camisa blanca abotonada hasta el cuello, sus viejos zapatos remendados, su boina calada y su inseparable cayado de madera de nogal, formó parte del paisaje de la plaza de la villa.

El hombre del cayado pasaba las tardes sentado en el banco de piedra que rodeaba al roble milenario, bajo su sombra, acariciando su rugoso y herido tronco, palpando y sintiendo lo que el paso del tiempo, y sobre todo, las navajas de los enamorados, habían hecho a su amigo y compañero. Sentía en sus propias carnes la ancianidad del árbol, pero envidiaba su porte, su fuerza, su testarudez, sus ganas de vivir, sus renacimientos cada primavera.

El hombre del cayado perdía su mirada entre las callejuelas del pueblo, respirando el aire puro de las montañas que le rodeaban, capturando con sus adormecidos sentidos los recuerdos de juventud que el tiempo se empeñaba en sepultar. Correteaba junto a sus amigos en aquellas olvidadas mañanas del mercado semanal que ya no existía, cuando hurtaban algunas piezas de fruta, procurando sorprender a los comerciantes que gritaban y protestaban, cansados de las travesuras de unos muchachos, a los que movía más el hambre que las ganas de jugar.

El hombre del cayado permanecía inmóvil durante horas, con sus manos arrugadas y descoloridas apoyadas en sus cansadas piernas, con los ojos tristes y lagrimosos, con las cejas canas, pobladas y descuidadas, con la tez morena y los labios agrietados por el sol, con el cayado descansando sobre la piedra caliza gris del banco que rodeaba al roble, enmohecida, desgastada y desconchada, con el paso de los años.

El hombre del cayado observaba el cielo azul y luminoso, admirando la libertad con la que se movían las aves, encerrado como estaba en su cárcel envejecida de carne y hueso. Seguía con su cansada vista las coordinadas líneas que las bandadas de aves migratorias dibujaban en las tardes de otoño y primavera, viajando con ellas, imaginándose como sería ver el mundo desde allí arriba, hasta que las perdía en el horizonte. Escuchaba el suave canto de los jilgueros; observaba el ir y venir de las cigüeñas, instaladas en el viejo campanario de la iglesia, en aquel enorme nido que parecía sostenerse en lo más alto, por arte de magia; participaba del baile amoroso de una pareja de cuervos, recordándose muchos años atrás, en la verbena de la fiesta del pueblo, junto al amor de su vida, vestido con su inseparable traje de alpaca negro. Sonreía al verse de nuevo en medio de la plaza, frente a la orquesta, cortejándola como el cuervo hacía con su compañera.

El hombre del cayado adoraba el silencio de los ruidos del pueblo, y fruncía el ceño cada vez que pasaba uno de los pocos modernos artilugios que transitaban por la plaza turbando su paz. Despreciaba el olor del gas que despedían por sus tubos de escape, que impedían que su olfato continuara respirando los olores de su niñez, el olor a leña quemada, a hollín de chimenea; el olor a cocina, a matanza curándose, a potaje hirviendo; el olor a bosque húmedo, el olor a monte, a verde, a libertad, a cielo abierto, a paseos a caballo, a granja y campo. El olor que le había acompañado durante toda su vida.

El hombre del cayado escuchaba ensimismado el monótono sonido del pequeño chorro de agua de la fuente del otro lado de la plaza, que mantenía rebosante el agua del pilón, donde el ganado acudía nervioso y excitado al atardecer. Observaba las sedientas reses que regresaban de pastar en libertad en los montes cercanos durante todo el día. Sonreía al ver como se empujaban unas a otras, compitiendo por obtener un pequeño hueco por donde meter su cabeza, y saciar así la sed acumulada durante el camino de vuelta.

El hombre del cayado saludaba levemente a todo el que pasaba por su lado con un minúsculo y casi imperceptible movimiento de su cabeza. Esperaba la salida de los niños del colegio para disfrutar unos instantes de su alegría, dejándoles acariciar las arrugas que surcaban sus manos y cara, y tocar sus grandes orejas, enseñándoles a llamar a las ardillas con ruidos y silbidos estridentes, y a darles de comer pequeños trozos de nueces que guardaba en el pequeño fardel azul marino que llevaba siempre consigo.

Hasta que… aquella tarde, mientras el sol caía tras las montañas, el pueblo entero, en silencio, lleno de tristeza, fue congregándose alrededor del banco que rodeaba al roble. El hombre del cayado permanecía allí sentado, pero se había ido. Había dado su último saludo a todos los que pasaban ante él. Había visto abrevar al ganado por última vez. Había dejado a su viejo amigo y compañero, el roble milenario, en el centro de la plaza, llorando lágrimas de savia en soledad. Había entregado su fardel azul marino de las nueces a los niños para que siguieran jugando a alimentar a las ardillas. Había abandonado su cuerpo cansado para dejar que su alma volara arrastrada por el viento, junto a las aves migratorias, en perfecta formación, libre de su cárcel, en un viaje sin retorno hacia la eternidad, pudiendo observar por fin, si el mundo desde allí arriba era como había imaginado durante toda su vida. Había cerrado los ojos para siempre, sentado en su banco, llevándose con él los recuerdos de las montañas, y los olores y sonidos de las callejuelas del pueblo que le viera nacer, dejando para siempre, apoyado sobre la piedra gris, enmohecida y desconchada, su cayado de nogal.

Calvarian




martes, 14 de julio de 2009

¿Somos egoístas cuando amamos?


El amor, pienso, es un sentimiento egoísta, ya que cada persona elige a su pareja, que es con quien quiere compartir su vida, para satisfacer su placer personal, que es el de estar junto a la persona elegida para tenerla a su lado, y así alcanzar su bienestar y felicidad.

Por todo ello, cuando amamos, estamos siendo egoístas, porque necesitamos de la existencia de esa persona, de su compañía, de sus momentos, de sus miradas, de sus abrazos, de su atención, igual que ella, en un amor compartido.

Por el contrario, si no fuéramos egoístas, estaríamos al lado de una persona a la que no amamos por su bienestar, para que ella fuera feliz, renunciando cada uno al placer de su propia felicidad. Pero nadie renuncia al placer de su felicidad por otra persona, porque nadie elige lo que no quiere, sino lo que desea, por su bienestar, por su propia satisfacción personal, compartir la vida con la persona a la que se ama, porque nos hace sentir dichosos y felices.

Por otro lado, cada persona es egoísta en el sentido individual, porque se necesita el propio espacio y libertad personal, para crecer interiormente, alimentándonos individualmente, con la reflexión, meditación y con la soledad personal.




miércoles, 8 de julio de 2009

"El cruce del río"



Había una vez dos monjes Zen que caminaban por el bosque de regreso al monasterio. Cuando llegaron al río una mujer lloraba en cuclillas cerca de la orilla.

Era joven y atractiva.

- ¿Que te sucede? - le preguntó el más anciano.

- Mi madre se muere. Ella está sóla en su casa, del otro lado del río y yo no puedo cruzar.

Lo intenté - siguió la joven - pero la corriente me arrastra y no podré llegar nunca al otro lado sin ayuda… pensé que no la volvería a ver con vida. Pero ahora… ahora que aparecísteis vosotros, alguno de los dos podrá ayudarme a cruzar…

- Ójala pudiéramos - se lamentó el más joven. Pero la única manera de ayudarte sería cargarte a través del río y nuestros votos de castidad nos impiden todo contacto con el sexo opuesto. Eso esta prohibido… lo siento.

- Yo también lo siento- dijo la mujer y siguió llorando.

El monje más viejo se arrodilló, bajo la cabeza y dijo:

- Sube.

La mujer no podía creerlo, pero con rapidez tomó su atadito con ropa y montó a horcajadas sobre el monje.

Con bastante dificultad el monje cruzó el río, seguido por el otro más joven.
Al llegar al otro lado, la mujer descendió y se acercó en actitud de besar las manos del anciano monje.

- Está bien, está bien- dijo el viejo retirando las manos, sigue tu camino.
La mujer se inclinó en gratitud y humildad, tomó sus ropas y corrió por el camino del pueblo.

Los monjes, sin decir palabra, retomaron su marcha al monasterio…
Faltaban aún diez horas de caminata.
Poco antes de llegar, el joven le dijo al anciano:

- Maestro, vos sabéis mejor que yo de nuestro voto de castidad. No obstante, cargaste sobre tus hombros a aquella mujer todo el ancho del río.

- Yo la llevé a través del río, es cierto, ¿pero qué pasa contigo que la cargas todavía sobre los hombros?






domingo, 5 de julio de 2009

"La soledad de nuestros mayores"



Me conmueve y se me encoge el corazón, cuando veo a las personas enfermas ancianas, que están sólas, y mucho más, sabiendo que tienen hijos, porque pareciera, como sino los tuvieran.

Hace unos días, me encontré, en medio de la acera de la calle, a una persona que yo conocía, enferma y anciana, que estaba sentada en un andador, porque no podía dar un paso más, descansando fatigadamente, ya que, venía ella sóla, acompañada del andador, de comprar medicinas de la Farmacia.

Pude observar, al irme acercando a ella, que las personas que, por allí paseaban, se la quedaban mirando, pero no tenían la delicadeza de pararse a preguntarla si la sucedía algo malo.

Al acercarme a ella, yo ya tenía el corazón encogido de ver esa situación tan triste; intenté transmitirla calor humano con mi compañía durante unos minutos de mi tiempo, hablándola y contándola mis cosas.

Yo la veía que ella se mostraba atenta a lo que yo la decía y la notaba entretenida, como si se sintiera aliviada, por unos momentos, de sus dolores físicos, como si el hecho de estar acompañada, de sentir que había alguien a su lado, que la estaba haciendo compañía y que la hablaba, parecía que su dolor más profundo, el de la soledad, estaba sanado para ella, y como si los demás dolores físicos se hubieran anestesiado, porque se la veía feliz durante ese tiempo.

Después de aquellos minutos que estuve con ella, pude darme cuenta realmente, de que, con muy poquito se puede hacer feliz a las personas que más lo necesitan y están sólas, que son, mayoritariamente, las personas ancianas, y que, regalándolas un simple gesto de calor humano y de compañía, -que para nosotros no cuesta nada-, para ellas, tiene mucho valor, mucho más que cualquier otra medicina que cure.




jueves, 2 de julio de 2009

¿Cuál es tu lugar preferido para las vacaciones?



Estamos en época de vacaciones, algunas personas, por un motivo u otro, se quedarán sin ir, y otras, las que tienen más suerte, y, también dinero, podrán disfrutar de ellas, para salir de la rutina obligada del invierno, y elegirán los destinos que más les guste e interese, para descansar, desestresarse, relajarse y matar su tiempo libre con la distracción.

Los gustos de cada persona son distintos, a algunas personas les gustan más los lugares de playa, para descansar, a otras, en cambio, los lugares de montaña, para hacer deporte, y a otras, los lugares culturales, para ver y conocer.

Yo, de momento, y debido a una serie de circunstancias inesperadas, las vacaciones se me han chafado, hasta que todo vuelva a su normalidad, aunque no se si me dará tiempo a disfrutar de ellas este año, pero, tengo que decir que mi destino preferido es el lugar donde hay mar, para poder descansar, para descargar toda la energía negativa de todo un año.

Desde luego, que es maravillosa esa frescura que proporciona el agua salada del mar, que nos hace desechar toxinas, para renovarnos y volver como nuevos a nuestros lugares de destino para así después volver a comenzar el duro camino de todo un invierno.

Y tú... ¿en qué lugar vas a disfrutar tus vacaciones? ¿Cuál es tu destino preferido?




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...